miércoles 1 de febrero de 2012

El cruce de la carretera

Me imagino que todos tenemos nuestras manías, aficiones, pasatiempos, etc., aunque, lógicamente, no todos coincidamos en las mismas. Viene esto a cuento porque, como podéis observar esta sección lleva por título Moal: ayer y hoy. En ella pretendo plasmar una de mis manías, que consiste en contrastar, a través de dos fotografías, cómo era o estaba un rincón del pueblo unas cuantas décadas atrás y como está actualmente. Se trata de apreciar esas transformaciones, pequeñas o grandes, que se han producido en el transcurso del tiempo. Cambios que en unos casos hemos podido comprobar con nuestros ojos y en otros a través del legado que han dejado nuestros antepasados en la fotografía.

Hoy traigo aquí dos fotos sacadas en el mismo lugar, sólo que con cerca de medio siglo de diferencia. Ni que decir tiene que la foto en blanco y negro es mucho más interesante, y no solo por el valor que representan los 4 mozos que salen retratados, sino porque es una imagen del ayer y que sería imposible de recrear actualmente.

La fotografía antigua tiene dos cosas que me resultan llamativas. Por un lado, que uno de los actores de la foto sea un burro. Cosa normal por aquellos años, pues todas las casas tenían burros o caballos, pero lo pintoresco y lo que me choca es que desde hace unos años no hay ningún animal equino en el pueblo. Por otro lado quedan los actores principales, los cuatro mozos que posan de una forma informal y graciosa: uno sujetando al asno con un cordel y el pie izquierdo; otro subido de cuclillas a lomos del animal, que además está sin alforjas; otro, con lo que parece un bote de pintura, haciendo la intención de ordeñarlo; y el cuarto en una actitud mucho mas formal, como dándole seriedad al asunto. También me llama la atención que sólo creo reconocer a dos mozos: Hector y Madreñeiro, lo que me lleva a pensar que la foto fue sacada un domingo y que estos acudían al baile que todos los días festivos se celebraba en un salón de casa Abel y en el que se congregaba un montón de jóvenes de los pueblos del contorno.

Las diferencias entre una instantánea y la otra son palpables: la carretera sin asfaltar, los carros del país, la casa de Miguel, los coches, el muro de la carretera, las ropas que visten los mozos, etc., pero esas diferencias y las conclusiones que saquéis os las dejo para vosotros.


viernes 13 de enero de 2012

Aquellos coches de antaño

La llegada de la primera maquinaria agrícola a Moal y a toda la comarca suroccidental asturiana ya la traté en alguna entrada anterior. Por otro lado, si bien las motocicletas, especialmente la vespa, proporcionaron en la década de 1950 autonomía para desplazarse, la etapa que marca un antes y un después de la automoción fue la correspondiente a los años 60. Y en esos años toca hablar de esos locos cacharros, que montados sobre cuatro ruedas, nos daban y nos dan libertad de movimiento y que llamamos coches.


Si no estoy confundido, el primer coche que se compró en Moal fue en casa Abel y según me cuenta Lulo se trataba de un Chevrolet con matrícula O-8002. El coche estaba adaptado para llevar 7 personas y en los estribos cogían 3 por cada lado. En cuanto a las características técnicas decir que era de gasolina y que para arrancarlo se usaba una manivela; además, estaba dotado de 4 marchas y llegaba a alcanzar los 60 kilómetros por hora. Me dice también, que con él hizo varios viajes a Oviedo y que desde Moal hasta el Puente de San Martín la carretera estaba sin asfaltar, excepto el tramo comprendido entre Las Fraguas y Cangas. El Chevrolet, después de 9 años, fue sustituido por un Seat 1400 que ya arrancaba con contacto.


Pero el coche que destacó sobremanera en ese periodo fue el Seat 600. Un utilitario que si bien se empezó a fabricar en 1957, fue en años posteriores cuando una gran parte de familias se fueron haciendo con sus servicios. La dificultad para su compra no residía especialmente en su precio, ya que costaba alrededor de las 70.000 pesetas (420 €), sino en el bajo sueldo que cobraban los obreros, pues rondaba las 5.000 pesetas (30€) mensuales. El 600 podía transportar a 4 personas, pero en muchas ocasiones ese número se multiplicaba por dos, porque era mejor ir unos encima de otros que en el coche de San Fernando, ese que vas " un cachín a pie y otro andando", que era el medio mas habitual por entonces y que de nuevo se ha vuelto a poner de moda en nuestros pueblos, aunque ahora por prenscripción médica.


Aunque el 600 fue el coche por excelencia de la automoción española, también otros modelos dejaron su impronta en aquellos años, como el Gordini, los Seat 850 ó 1.500, el Simca 1000, el 2 Caballos o los Renault 4 y 8. De todos ellos guardamos gratos recuerdos y tambien fotos, como las que ilustran esta entrada, de unos vehículos que hoy en día nos parecen verdaderas antiguallas.


La gran revolución automovilística llegó a la comarca en la década de los 70, cuando los sueldos de las minas aumentaron considerablemente el nivel económico de los moradores. Ese periódo coincidió con la salida al mercado del Seat 127 Fura o del Seat 1430-1600, que además de mejorar las prestaciones de los vehículos anteriores, tenían una mayor cilindrada y por consiguiente potencia, que mas de uno aprovechó para convertir las carreteras en verdaderas pistas de Formula 1. Ya por aquel entonces se empezó a hablar del tiempo que se tardaba en llegar a San Antolín, Degaña, Oviedo, Tineo o Ponferrada, en lugar de hablar de distancias en kilómetros. Eran años en los que no existían radares y tampoco se realizaban pruebas de alcoholemia, algo tan habitual actualmente  y que mas de un accidente evitan.

La evolución hasta nuestros días ha sido tan grande, que al contemplar en una exposición un coche de hace 4 o 5 décadas nos parece que hemos retrocedido a la edad de piedra. Y sin embargo se puede decir que eso ocurrió ayer.

domingo 18 de diciembre de 2011

El antes y el después del solar de la capilla.

Fue allá por el año 1970 cuando los vecinos de Moal decidieron construir una capilla nueva y abandonar la antigua que hasta entonces venían usando. La vieja capilla invadía una parte del corral de casa Francos, dificultando las labores que esta familia desarrollaba y  por otro lado,  era  necesario edificar una, que estuviera más acorde con los tiempos y con la población que en esos momentos tenía el pueblo y que se aproximaba a los 200 habitantes.


La minería todavía no había despuntado y la economía familiar no invitaba, como ocurre en los tiempos actuales, a que el gasto fuera muy grande. Además, ni la Iglesía ni la administración aportaban dinero para sufragar el coste. Fueron esos motivos los que llevaron a realizar una capilla modesta en sus materiales y dimensiones, pero que cumplía perfectamente la misión primordial que no era otra que la de oficiar los actos religiosos. Sin embargo y bajo mi punto de vista, lo peor fue que no se negociara con Francos, propietario del prado donde se levantó, la compra de una extensión mayor de terreno  que la destinada a construir la capilla y de esa manera dotar al pueblo de una plaza pública que, por un lado sirviera como lugar de reunión y por otro para hacer la fiesta, que cada año se celebraba en un lugar distinto y además pagando un alquiler que se tenía que detraer del presupuesto destinado a la música.

Pero, como agua pasada no mueve molino, no tiene esta entrada como fin recordar cómo se realizó  la capilla ni si hubiera sido apropiado tratar de hacer una plaza para uso y disfrute del vecindario. Lo que aquí pretendo es comparar cómo estaba el lugar que hoy ocupa la capilla antes de su construcción y cómo está hoy, es decir el antes y el después. Y para ello nada mejor que una fotografía,  al parecer tomada el día de San Juliano, allá cuando la década de 1960 estaba por la mitad. 


En la fotografía aparecen Xuaco Xuaquín, apoyado en un palo, con Maricarmen y Pepe de Cadenas. La toma fue realizada en un día de fiesta, como ya queda dicho,  pues no era normal vestir zapato a diario y mucho menos por aquellos años en que el chamazo*, que da nombre al barrio donde fue sacada la foto, ocupaba todos los caminos y era imposible caminar sin mancharse. Por eso, era habitual que los moradores de Moal calzaran madreñas o botas de goma en su transitar cotidiano  por el pueblo.

Las diferencias entre ambas fotos son evidentes y por desgracia, de los retratados, solo queda entre nosotros Maricarmen para poder contarnos cómo eran aquellos años de chamazo, de quehaceres diarios y también de fiestas. Por supuesto que todos los que queráis aportar algún dato, sobre cualquier circunstancia relacionada con lo descrito será bien recibido.

*chamazo: barrizal en castellano.

viernes 2 de diciembre de 2011

Pepe y la loba

La anécdota que voy a contar ocurrió en Madrid, en donde me encontraba para realizar un cursillo de varios días de duración, allá por el año 1988. El día de mi llegada, junto con otros dos compañeros de empresa, decidimos dar una vuelta por el Madrid más castizo: Puerta del Sol, Plaza Mayor, Plaza de la Villa, Plaza de Oriente, etc., para ver el ambiente, tomar unas cervezas y comer alguna tapa. La calle Arenal estaba por aquel tiempo abierta al tráfico de vehículos, que debían circular en sentido Puerta del Sol a Teatro Real. Fue en esa calle cuando en un determinado momento, y como la circulación estaba interrumpida, decidimos cruzarla por un lugar no habilitado como paso de peatones. Nada más poner el pie en la calzada escuchamos el bocinazo de un coche. Miramos para el vehículo y comprobamos que se trataba de un taxi, pero como no observamos nada extraño proseguimos nuestra marcha pensando que tal vez el pitido no tendría que ver con nosotros o si acaso solamente con nuestro aldeanismo por cruzar por donde no debíamos. Nada mas reiniciar nuestro caminar, un nuevo pitido nos volvió a poner en alerta. Giré de nuevo la cabeza y en ese momento me percaté que había ido a pasar por delante del único vecino de Moal que tenía un taxi en Madrid. Se trataba de Pepe de Casín. Me acerqué hasta la ventanilla y tras saludarle brevemente, pues estaba haciendo una carrera, quedamos en vernos un rato mas tarde en un bar próximo a su domicilio, en el que pasamos juntos la tarde reviviendo estampas y andanzas de Moal.

Pepe (1º por la izq.) con otros mozos de Moal
Pasados unos años Pepe se jubiló y aunque vivía en Madrid con su mujer e hijas, en cuanto tenía ocasión se escapaba para Moal donde decía ser el hombre más feliz del mundo. Muchas veces rememoramos juntos aquel encuentro casual en la mayor ciudad de España.

Hace unos días, Susana, la hija pequeña de Pepe, me envió por correo electrónico una foto en la que aparece su padre con una loba a la que él mismo había dado muerte. Me dice Susana que su padre les contaba en casa, que la había bajado con su coche a Cangas para exhibirla por las calles de la villa, en las que causó una gran expectación, pues era todo un éxito por aquellos años cazar un lobo y mucho más si era hembra. Yo me imagino, por las personas que salen en la foto y por el año en que más o menos se produjeron los hechos, que la loba de esta fotografía es la misma que pudimos apreciar en esta entrada anterior.

Pepe sentado en el coche
Susana me dice que su padre tenía mucha ilusión en enviarme la foto para que la publicase, pero que se le traspapeló y cuando de nuevo la volvieron a encontrar, ya le había sorprendido la muerte. Por eso, me dice, le gustaría que aunque su padre ya no la pueda ver en el blog, la publique para honrar su memoria, hecho que hago con mucho gusto y que espero haber cumplido con esta entrada.


miércoles 16 de noviembre de 2011

Cazadores de osos

El oso es junto al urogallo el animal más emblemático de Asturias por diversos motivos, principalmente porque se le considera una especie autóctona, pues lleva cientos de años poblando nuestros montes, porque a su alrededor son cientos las historias y leyendas que se han contado, y porque tras pasar una etapa difícil a finales del siglo XX, en la que se temió por su perduración, hoy en día parece existir un número suficiente de ejemplares que garanticen su supervivencia, especialmente en el área occidental de la región astur-leonesa.


Actualmente el oso es una especie protegida y su caza está castigada tanto penal como administrativamente, siendo considerables las cuantías a las que se exponen los que infrinjan la normativa. Pero esto no siempre fue así y en tiempos pasados estaba recompensada su caza. Moal, situado a las puertas de Muniellos y por tanto en un enclave privilegiado para la cría y conservación del oso, fue pueblo de cazadores aunque las crónicas solamente nos hablen de unos pocos.


La primera mención la podemos encontrar en el libro “Osos y otras fieras en el pasado de Asturias, 1700-1860”, del que es autor Juan Pablo Torrente Sanchez-Guisande, en el que se recoge en un asiento que realiza el cura propio de San Juan de Vega de Rengos, que en el año 1756 Domingo Fernández, vecino de Moal, mató un oso adulto por el cual cobró 60 reales. En el mismo libro también se da cuenta de la muerte de un lobo cerval por parte de Manuel Martínez y Domingo Collar, hecho que tuvo lugar al caer en un cepo junto a la casa del monte de Muniellos.

La Gran Enciclopedia Asturiana también recoge entre sus páginas a otro cazador de osos natural de Moal. Se trataba de Francos, uno de los dueños y moradores de la casa mas potentada del pueblo a finales del siglo XIX y principios del XX.


En el siglo XIX Asturias contó con los dos mayores cazadores de osos de su historia: se trataba de Xuanon de Cabañaquinta, que además de abatir 92 osos fue invitado a participar en las cacerías de la casa real, gracias a lo cual consiguió renombrada fama, y el tevergano Ignacio Rodríguez, el mayor cazador de osos de la provincia, pues sólo le faltó uno para llegar a la centena.

A mediados del siglo XX Moal contó con otro gran cazador de osos, si bien en numerosas ocasiones tenía que acompañar al “ricachón” de turno para que fuese este quien le diera muerte. Se trataba de Casín, un vecino que había estado trabajando en Argentina con Onássis y que tras su regreso al pueblo ejerció de cartero y tabernero, así como ojeador, montero y cazador.


Ahora que los tiempos han cambiado y las nuevas generaciones se han concienciado mucho  mas con el medio ambiente, esperemos que nadie del pueblo tenga el dudoso "honor" de aparecer como cazador de osos en ninguna publicación.

Las fotografías que ilustran esta entrada corresponden todas ellas a Casín.

lunes 31 de octubre de 2011

A la caza del lobo

El lobo es una de las alimañas que había desaparecido de los montes del suroccidente de Asturias en la década de 1970 y que en los últimos años vuelve a proliferar por la comarca. Mucho se ha escrito y hablado sobre el lobo, siendo unos testimonios a su favor y otros en contra, pero por lo general se puede afirmar que no es un animal querido en el medio rural, al estar directamente relacionado con los ataques que sufren los animales domésticos, especialmente cabras, ovejas, burros y vacas. Incluso pende sobre su cabeza esa leyenda negra de que ataca a las personas, siendo numerosas las historietas que de pequeños hemos escuchado narrar a nuestros mayores en ese sentido.
     
Último lobo cazado en Moal
El hombre, para protegerse y proteger sus ganados del ataque del lobo, lleva siglos tratando de darle muerte o de ahuyentarlo de las zonas pobladas o de aquellas en las que tiene su ganado. Uno de los métodos utilizados para alejar a los lobos del entorno humano era dando fuego a los montes por donde supuestamente vagaba en busca de sus presas. No sé si los últimos incendios que se han producido en la comarca, que tan negativas consecuencias han tenido para el medio ambiente,  se han debido a esta causa. Lo dudo y espero que no. Pero la del incendio fue una práctica muy extendida a mediados del siglo pasado y, por desgracia, es demasiada la gente que sigue pensando todavía hoy que "no hay mal que por bien no venga".

La otra manera de acabar con el lobo era matándolo a tiros, bien directamente mediante cacerías, o tratando de llevarlos a una trampa, como el cortín de los lobos existente en Pena Ventana, para una vez dentro acabar de rematarlos.

En Moal, la última batida que se organizó contra el lobo tuvo como final la captura del ejemplar que aparece en la fotografía. Por aquéllos años era práctica habitual que los cazadores recorrieran todas las casas del pueblo para enseñar la presa abatida y al mismo tiempo recibir una pequeña recompensa por haber quitado un problema. Hoy en día, es la administración quien autoriza y organiza las batidas, aunque no siempre con el beneplácito de los ganaderos que en determinados puntos de la geografía asturiano ven mermar sus rebaños de ganado a manos de los lobos.

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