Moal siempre será Moal es el título de una carta que hace escasas fechas salió publicada en los periódicos El Comercio y La Nueva España, al menos en la edición digital, remitida por Ana Alvarez y en la que mostraba su rechazo al cambio de denominación del pueblo. La carta en cuestión dice lo que seguidamente paso a transcribir:
Los vecinos del pueblo de Moal estamos muy indignados con estos políticos que están cambiando el nombre de nuestro pueblo, Moal por Mual. Hay mapas de información turística que ya viene Mual. Algunos vecinos tenemos escrituras del siglo XVIII y ya constaba Moal. Desde entonces, hemos pasado por monarquías, dos repúblicas, una dictadura y la democracia con monarquía parlamentaría. Los actuales políticos parecen interesados en cambiar el nombre del pueblo que lleva siglos. ¿Señores lectores, en qué gastan los políticos nuestro dinero? Se podrían dedicar a crear empleo, a fomentar el turismo en la zona, a trabajar para modificar las infraestructuras o por el bien común. O arrimar el hombro porque tenemos la térmica de Soto de la Barca parada, el carbón de las minas amontonado sin vender y los mineros muy preocupados por el futuro. Al pueblo no llegó ninguna carta o notificación dirigida a la junta vecinal de Moal, ni por parte del Ayuntamiento, ni de la Consejería de Cultura. ¿Hay derecho a qué nos cambien el nombre sin consultarnos? Pues nosotros creemos que no tienen ningún derecho a hacerlo a espaldas de los interesados. Los vecinos de Moal queremos manifestar nuestro malestar y lucharemos porque nuestro pueblo siga llamándose Moal.
Recientemente hablé por teléfono con Ana, la autora de la carta, y le decía que si bien toda la fuerza que se pudiera hacer era importante, para lograr que el cambio no se llevara a efecto, el método más lógico y que tiene más probabilidades de éxito es el que Manolín del Xastre nos dejó en la entrada Moal: cómo se hizo y qué se puede hacer, que de modo esquemático consiste esencialmente en lo siguiente:
1º.- Reunirse la Junta Vecinal de Moal para nombrar una comisión encargada de iniciar los trámites y las gestiones pertinentes.
2º.- Mantener una entrevista con Mónica, responsable del Servicio de Normalización Lingüística del ayuntamiento de Cangas, para que aporte el expediente del cambio de nombre y al mismo tiempo aclarar conceptos y desfacer posibles entuertos.
3º.- Manifestar al ayuntamiento la postura contraria del pueblo al cambio de denominación y las medidas que se piensan adoptar.
4º.- Hacer un escrito reclamando la revisión del nombre, basándose en la falta de información y en la imposición de un nombre que los vecinos no quieren.
5º.- Firmar el escrito todos los miembros que componen la Junta Vecinal, para su remisión a la Consejería de Cultura y Turismo del Principado (Dirección General de Política Lingüística), así como al ayuntamiento de Cangas para su conocimiento. Los escritos deben presentarse en un registro oficial, con copia para que quede constancia de su entrega, o bien remitirlos por correo certificado.
6º.- Esperar la contestación de la Consejería y actuar en consecuencia a la respuesta recibida.
Bajo mi modesto punto de vista, estos son los pasos que se deben dar para conseguir una revisión del expediente. La respuesta de la Consejería puede ser afirmativa o negativa, pero en cualquier caso debe estar basada y fundamentada. En el caso de que la respuesta tome en consideración la petición vecinal, se cerraría el expediente sin más trámites; en cambio, si la respuesta es negativa la Junta Vecinal deberá adoptar las medidas pertinentes teniendo en cuenta la resolución que dictaminó la Consejería.



















